Con sed de venganza, la niña decidió colocarle una bomba en el momento en el que el móvil del sujeto sonara a las 3.30 de la madrugada. También, escribió una amenaza, en sus notas. Pasado un tiempo los dos recuperaron ambos móviles mientras la niña pensaba en sus despiadados planes y pensaba en el glorioso futuro que le esperaba al sujeto y la bomba.
El sujeto resultó ser más inteligente de lo que la niña se esperaba y desactivó la bomba, y por consiguiente leyó la nota. Una semana después se reencontraron y el tipo se rio en la cara de la niña. Ella, estalló y le volvió a quitar el móvil.
Lo más triste de todo esto es que ahora no sabe qué hacer con él.
La moraleja de esta historia es: No robes móviles o te quedarás estéril.
No hay comentarios:
Publicar un comentario